¿Nos preocupa a los mexicanos el recorte en Ciencia y Tecnología?

Comentarios Lulú Mateos

Opinión

Lejos está la esperanza que el Ejecutivo anunció en 2013 sobre destinar el 1 por ciento del Producto Interno Bruto a Ciencia, Tecnología de Innovación. Científicos y académicos confiaban en la oportunidad de cubrir necesidades acumuladas de infraestructura y creación de nuevos centros públicos de investigación.

Sin embargo, tres años después la realidad indica que el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2017, que indica un recorte del 23.3 por ciento del presupuesto en comparación al ejercido en 2016. Es decir, mientras el presupuesto asignado al Ramo 38 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para el ejercicio fiscal 2016 ascendió a 34 mil 10.3 millones de pesos (MDP), en 2017 será de 26 mil 963 millones.

Aunque como dice el dicho “la esperanza es lo último que muere”, la oportunidad de que el recorte no alcance las cifras propuestas sigue latente cuando legisladores como el Senador Jorge Luis Lavalle Maury, a quien entrevisté en octubre, remarca la importancia de “revalorar el enorme potencial que tiene nuestro país en materia de innovación, de creatividad e inteligencia”.

A nivel social académicos y asociaciones de la sociedad civil como la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia (RedMPC) han emitido su rechazo al recorte de más de 8 mil millones de pesos al presupuesto de Ciencia y Tecnología, a la vez de generar acciones como un expreso comunicado a la Cámara de Diputados, la creación del hashtag #SileCortasalaCiencia, así como encontrar las oportunidades en medios de comunicación para expresar las consecuencias de esta iniciativa.

Sin embargo, sólo falta hacer un pequeño ejercicio a nuestro alrededor para comprender por qué el rubro de la Ciencia y Tecnología sigue siendo un comodín en lo relacionado a reducir el gasto público.

A qué ejercicio me refiero, simplemente preguntar a nuestros amigos, compañeros de trabajo, el personal que nos atiende en restaurantes, intendentes, recepcionistas, despachadores de gasolina:  ¿Sabe que redujeron el presupuesto a ciencia y tecnología?

Los lectores podrían posiblemente decirme que la respuesta es obvia, no sé,  además de que las personas no están interesadas en ese tema o  ¿por qué hago ese tipo de pregunta cuando existen otros problemas?

Desde luego, lo anterior no posee una base metodológica que permita realizar una generalización, aunque sí nos puede dar los indicios de ¿qué tan cercana está la ciencia a la sociedad?

Finalmente, a partir de preguntas es como surgen las investigaciones.

Y es en estas preguntas, que animo a realizar a los lectores, es donde encontraremos los pasos hacia las respuestas, pues la ciencia al parecer no forma parte de nuestro imaginario, de nuestras conversaciones, de nuestra vida cotidiana. Posiblemente suceda porque a nivel social no nos fijamos que computadoras, refrigeradores, planchas, televisores y hasta nuestro celular son hechos con tecnología importada, que generar nuestra propia tecnología implicaría incrementar más puestos de trabajo, así como elevar nuestra competitividad a nivel internacional.

Un estudio que sustenta esta opinión es el realizado en 2013 por el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI), denominado Encuesta de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (ENPECYT)

Algunos de los resultados mostraron que el 49.3 por ciento de quienes afirmaron no estar interesados en temas relacionados con la ciencia y tecnología es porque no los entienden, en tanto que el 30.8 por ciento dijo que simplemente no les interesa. Así mismo, en lo relacionado a la cultura científica, el 60.7 por ciento de las personas tiene información escasa al respecto, es decir, no posee los conocimientos elementales de ciencia y tecnología y tampoco entiende qué es un proceso científico o probabilístico.

Así que cuando los legisladores deciden la reducción del presupuesto en estos rubros, es porque las consecuencias a nivel social no serán tan “turbulentas”.

Por esta razón, es importante citar a Marina Joubert, investigadora en Comunicación de la Ciencia por la Universidad de Stellenbosch en Sudráfica, quien menciona que la “ciencia necesita comenzar a hablar en la vida cotidiana de la gente”. ¿Cómo lograrlo?

En principio es necesario que los científicos cuenten sus propias historias y ejerzan un rol al explicar sus investigaciones. Joubert menciona que compartir estas historias en el largo plazo podrán ser recordadas por la ciudadanía, igualmente es necesario la colaboración de la ciencia con el arte a través del teatro, la música y las artes plásticas, pues esto permitiría que su percepción fuera menos amenazantes; además de que estas colaboraciones pueden fomentar un diálogo con bastante significado sobre temas científicos en la vida cotidiana.

Finalmente, para que la ciencia esté presente en nuestras vidas es necesario entender que “no sólo debemos esperar a que ésta únicamente encienda las luces de nuestros hogares o conserve la comida fresca. Lo que buscamos realmente es que responda a nuestros más profundos cuestionamientos”, tal y como lo establece el sociólogo italiano, Massimiano Bucchi, en el prólogo del libro “Ciencia en la Sociedad”.

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