Superman: Paz en la Tierra. Artículo Luis Ángel Pineda Urakami

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Drones Opinión

Una historia sobre el uso de drones en transporte de alimentos, medicinas  y rescate.

 

Uno de los comics más aclamados dentro de la mitología de Superman es sin duda “Paz en la Tierra”,  una obra de arte donde con las palabras de Paul Dini y el majestuoso arte de Alex Ross, el legendario superhéroe lucha contra el villano más cruel: el hambre.

 

De acuerdo a la historia, el mundo es capaz de generar el suficiente alimento para erradicar el hambre pero que el gran problema es cómo transportarlo hacia aquellos lugares lejanos donde más se necesita, y es ahí donde nuestro mundo no puede pedir auxilio a Superman. Éste es un problema que nosotros mismos debemos resolver con nuestros propios “hombres de acero”.

 

Y no sólo el transporte de alimentos sino también medicamentos o cualquier otro objeto crítico que pueda significar la vida o la muerte para alguien. Necesitamos considerar un sistema de transporte que sea capaz de cubrir grandes distancias en poco tiempo, pues lamentablemente muchas veces nuestra propia infraestructura de carreteras no es capaz de cumplir con las necesidades de tiempo cuando se trata de casos críticos.

 

El poder transportar un botiquín de primeros auxilios, una cámara térmica o sensores capaces de hacer un modelo 3D de una zona donde ha ocurrido un incidente con muertes confirmadas y gente atrapada entre los escombros podría ser la diferencia entre la vida y la muerte para muchos, mientras que proveer a los grupos de rescate de información precisa en poco tiempo les ayudaría a tomar las mejores decisiones; y es ahí donde tal vez en el futuro, el sonido de un par de hélices a la lejanía dé el mismo sentido de esperanza que el hombre de acero.

 

Un drone es capaz según su diseño, de recorrer y transportar en poco tiempo varias kilómetros de distancia. En el aire no existen carreteras así que llegar de un punto A al B implica una línea recta que ahorra tiempo y da mayor esperanza de sobrevivir a quien lo necesite. El diseño del vehículo es la parte fácil pero la complejidad radica en cómo asegurar su correcta autonomía a varios kilómetros de distancia.

 

Esto se resuelve con un sistema de control híbrido o en otras palabras con un vehículo que sea capaz de desempeñar la misión por sí mismo, pero que en caso de falla, siempre exista un ser humano capaz de tomar el control y cumplir la misión. Es posible transmitir una señal de comunicación a varios kilómetros de distancia, inclusive contar con sistemas de comunicación de respaldo considerando cualquier posibilidad; y todo esto se encuentra en capacidades tecnológicas ya accesibles para cualquiera como han demostrado todas aquellas empresas pioneras que han iniciado con el transporte de medicamentos con drones en el mundo.

 

Empresas como como Flirtey en Estados Unidos o Zipline en Rwanda actualmente ya cuentan con sistemas de transporte de medicamentos críticos, que en poco tiempo pueden cubrir hasta 120 kilómetros de distancia y regresar con una misión cumplida más en su historial; pero hasta el momento no se ha llegado a ver a estos “hombres de acero” en los cielos mexicanos y no se tiene una predicción de cuándo pudieran llegar. Ya existen en casos de uso de drones en rescate pero hasta el momento no se ha considerado su uso en misiones de larga duración para transporte de medicamentos o cualquier otro objeto crítico.

 

Si iniciamos con un kilogramo a 5 kilómetros y luego extendemos nuestras metas según la experiencia, en poco tiempo podemos llegar a ser capaces de competir con los grandes en esta área y esto es notable si consideramos que las empresas de este tipo apenas llevan cumplidos cuatro años de vida, y una vez que sea una realidad, se podrá entregar un paquete a cientos de kilómetros en poco tiempo.

 

¿Por qué no considerar el transporte masivo en otras áreas? Tal como lo descubrió Superman, hay hombres con buenos deseos en el mundo que serían capaces de regalar sus excedentes de alimentos a los más necesitados, pero uno de los puntos que encarecen un producto es el costo del transporte. Pero igual que con el legendario superhéroe, el uso de drones no implicaría una gran inversión en temas económicos más allá de su construcción y mantenimiento; esto a causa que con pocos centavos es posible recargar una de sus baterías para una nueva misión, y tal vez ahí es donde comprendemos que podríamos estar en el auge de algo mucho más importante. Lamentablemente al final del comic, Superman fracasó en su misión.

 

Un solo hombre aunque sea el más poderoso del mundo es incapaz de alimentar a toda la tierra día tras día, pero tal vez es ahí donde nosotros podemos triunfar donde el más poderoso héroe no pudo, ya que el secreto para la creación de un sistema de transporte efectivo es convertirlo en algo masivo. En otras palabras, no dejar toda la responsabilidad a un solo hombre de acero sino a un colectivo capaz de trabajar en equipo para el bien de todos nosotros tal como en el final del comic, Superman comprende.

 

Claro que hay dificultades en el camino como pudo descubrir el hombre de acero en su aventura. Muchos lugares no permitirán su entrada pero tal vez con el paso del tiempo estas barreras puedan derrumbarse y las futuras legislaciones deberán adaptarse a las capacidades tecnológicas de una industria en nacimiento en el país y el mundo. De este modo, algún día México pudiera llegar a presumir de su industria de Vehículos Aéreos no Tripulados propios y no extranjeros. Pero esto no es sólo la lucha de un solo hombre de acero contra el mundo, sino de todos nosotros al abrir las puertas a una idea que podría traer más beneficios que desventajas y que con el correcto apoyo e inversión llegaría el día que al escuchar el sonido de una hélice a la lejanía, podamos sentir la confianza con la que el hombre de acero irradia a quienes protege.

 

¿Es difícil? Sí. ¿Hay riegos? Como en toda decisión, pero es la única opción para un mundo donde nunca podremos contar con la llegada de Superman a salvar el día. Nosotros mismos deberemos luchar contra el hambre, las enfermedades, los villanos y las catástrofes que pudieran registrarse; y si entre los lectores hay alguien que ha vivido en carne propia lo que fue estar en la Ciudad de México el 19 de Septiembre de 1985, en una zona de guerra o en un poblado azotado por un huracán donde los alimentos empiezan a escasear o simplemente haber sufrido un ataque cardiaco en plena calle, saben que en la desesperación uno mira al cielo y desea soñar con ver al hombre de acero ahí. No podemos confiar con que vendrá a salvar el día, pero podemos ofrecer a cambio el sonido de un par de hélices lejanas y la promesa que de la misma manera en que lo haría Superman, un drone hará todo lo posible por salvar el día.

 

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