geeks » 23 enero, 2017

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¿Quiénes son los monstruos? La doble moral de las redes sociales


Fuente Eureka

Qué seguro y cómodo, acogedor y amistoso parecería el mundo si los monstruos y solo los monstruos perpetraran actos monstruosos. Contra los monstruos estamos bastante bien protegidos, y podemos descansar seguros de que estamos protegidos contra los actos perversos que los monstruos son capaces de realizar y que amenazan con perpetrar”. Zygmunt Bauman

Por muchos años la sociedad mexicana había tenido muy fácil la tarea de identificar al bien y al mal, de acomodar con la mínima de las dificultades cada suceso, cada persona, cada cosa en uno de ambos grupos. En caso de no poderlo hacer con las escasas herramientas que la familia, la educación formal y la sociedad le brindaban siempre quedaban los medios de comunicación, los formadores de opinión pública. La radio, el periódico y la televisión se encargaron por décadas de ayudar a los mexicanos a colocar etiquetas y a identificar a “nuestros monstruos”. Ya que como decía Bauman al tenerlos identificados nos sentíamos a salvo.

Así, mientras “Las Poquianchis”, “el cocinero de los Amezcua”, El “Señor de los Cielos” o la “Mataviejitas” eran colocados por la prensa y sociedad en la bolsa de los malos, de los asesinos; “El Pentapichichi” Hugo Sánchez, John Lennon o Lady Diana se colocaban inmediatamente en la inmaculada bolsa del bien.

Aprendimos a odiar a los políticos y amar a los futbolistas y los cantantes, aprendimos que el Chapo –hoy extraditado- tenía el papel del villano, que Carlos Salinas debía regresar todo lo que se robó, que Marcos era un héroe encapuchado con pistola y que Juan Pablo era el “Papa Amigo”.

Si algún grupo pensaba que tal o cual estaba en la bolsa equivocada probablemente había una editorial en algún periódico, se repartían algunos panfletos, o se hacía una manifestación en la plaza más cercana para tratar de cambiarlo de bolsa. No había pierde, los monstruos estaban bajo control.

Pero pasó que con la llegada de internet y las redes sociales se nos difuminaron los monstruos, las dinámicas de comunicación, percepción y generación de opinión pública cambiaron. Pasamos del dominio de los medios al dominio de las audiencias. Pasó que desde el “Juai de Rito” las audiencias tomaron el control de lo que los comunicadores debían informar. Tuvieron el control para poder elegir a sus villanos por sí mismos, sólo que con las mismas (o menos) herramientas éticas, familiares, educativas o ciudadanas.

Con las carencias de la educación formal actuales, la crisis de ciudadanía y pensamiento en colectividad, y con las secuelas de una ética y valores alienados por las decadentes televisoras, arrancamos la era digital con unos mexicanos recién transformados por la hiper-conectividad en usuarios, en audiencia que razona únicamente en función de las emociones.

En este sentido, el más reciente artículo arbitrado del investigador y teórico del periodismo digital, Ramón Salaverría “To Share or Not to Share” que analiza el tipo de contenidos más compartidos por los usuarios en las redes socio-digitales, se señala la casi irremediable tendencia al contenido que excita a los usuarios, que los emociona, que evoca fuerte sentimiento positivo o negativo, que busca polémica y con el que se conectan emocionalmente. Los resultados de esta investigación confirman la fascinación de la audiencia por asomarse a las vidas de otros, ya que las historias con un valor de noticias de interés humano fueron, por mucho, las más compartidas.

Aunado a esta tendencia emocional, se suman los nuevos patrones de comportamiento ligados a los tiempos actuales.

El mismo Zygmund Bauman señala que uno de los principales rasgos de la modernidad es la abolición de la privacidad, esta que nos conduce a la manipulación de los secretos de la gente, a la intromisión de su intimidad.

La privacidad, la intimidad, el anonimato, el derecho al secreto quedan totalmente relegados ante el imperativo de la modernidad, ante las comodidades y satisfacciones de los artefactos.

Así, el usuario está obligado a seguir los estándares impuestos por las fábricas de celebridades públicas; los medios están obligados a ser extremadamente conscientes de que cuanto más íntimos, provocativos y escandalosos sean los contenidos, más atractiva y exitosa será la promoción y mayores los índices de audiencia.

Compartimos e interactuamos en las redes sociales con las vísceras

En el presente de la era digital, el de la llamada sociedad de la información, tenemos una masa de mexicanos hiper-conectados, cuyas emociones y pasiones son la herramienta casi única para construir su criterio y donde la súper exacerbación de lo privado mueve sus conciencias en forma de memes, videos, ladys y lords.

Los mismos que celebraron la muerte a sangre fría de cuatro asaltantes en manos de un “héroe urbano anónimo” en un camión, son los mismos que se escandalizan por la balacera que propinara un adolescente en una escuela de Monterrey. La venganza como emoción movió las redes, de igual forma que lo hizo el espanto de ver a unos niños recibir un balazo.

Los mismos que compartieron hasta el cansancio la golpiza de un taquero a una joven comensal o la imagen de un pequeño niño sirio muerto en el mar, son los mismos que pedían no compartir el video del referido tiroteo de Monterrey. En el primer caso nos movió la impotencia ante el lugar común de la fragilidad femenina, en el segundo, la rabia y la empatía ante la fragilidad infantil en el escenario de una guerra sin sentido.

Las calles se llenaron de barricadas, y las redes sociales de alarma, nos movió el miedo, nos movió la incertidumbre ante los saqueos y videos que se compartieron una y mil veces.

Aurelio Nuño fue identificado como el villano por una impertinente niña que lo hizo ver mal ante el dedo flamígero del usuario, el jurado acusador del hashtag y el trendtopic.

Rubí, la quinceañera, fue la mártir y la princesa del cuento de las celebridades efímeras. De su intimidad, de su correspondiente derecho como menor de edad a tener una privacidad nadie se quejó, se pidieron nombres, apellidos, detalles, todo para poder saciar la necesidad de observarnos en el ridículo del otro.

La sociedad mexicana construye a sus propios héroes y villanos en internet, “como Dios le da a entender” sólo que ya no son pocos, son miles, tantos como celulares y computadoras hay, tantos como cámaras y cuentas de Facebook existan. En el panóptico de hoy vigilamos a todos, apuntamos la cámara de nuestro celular a todos queriendo conocer cada detalle, y al mismo tiempo nos dejamos ver, creemos que sólo observan de nosotros lo que nosotros queremos, desconocemos al observador y no lo vemos. Héroes y villanos ahora los hay en todos lados.

Por supuesto que debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos por tratar de proteger a las personas, a los niños, de los efectos de la actual forma de comunicación de masas, esa a la que la audiencia mexicana se está adaptando, con lo poco que tiene, con lo poco que puede.

Pero el camino no está dentro del Internet, está fuera de él. Por si mismos, los periódicos no formaron a sus lectores, estos mismos no aprendieron a ser radioescuchas gracias a la radio ni televidentes gracias a la televisión. Su condicionamiento social, su limitación educativa, su predisposición cultural y su formación ética y cívica los hicieron adaptarse a su condición de lector, radioescucha, televidente y ahora en usuario. Sólo que a diferencia de los anteriores, el usuario puede transgredir no sólo la agenda mediática, sino poner en conflicto ético a los mismos medios.

La emergencia ante esta dinámica de comunicación y sus efectos posiblemente más devastadores que la televisión parece obligarnos a la búsqueda inmediata de mecanismos para adiestrar y formar a las audiencias del presente, pero sobre todo las del futuro.

¿Por dónde empezar? Ya lo veremos en la próxima entrega. Hasta la próxima.

Fuente: Eureka
Liga Original: http://archivo.e-consulta.com/blogs/eureka/?p=406

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Cuestión de horas para que Trump “eliminara” el cambio climático


A menos de un día de mandato del hoy presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toda mención sobre el cambio climático fue eliminada de la página oficial de la Casa Blanca.

Su argumento de campaña respecto al escepticismo y creencia de que el ser humano es el principal causante del cambio climático, parece prevalecer y bloquear las políticas creadas para contrarrestarlo.

De acuerdo al New York Times, los científicos del vecino país del norte temen que la información generada durante los ocho años que gobernó Barack Obama, sea borrada durante la administración de Trump.

Razón que ha llevado a cerca de 50 científicos de distintas universidades a dedicarse de forma voluntaria a salvar la información y los datos generados en páginas como la Agencia de Protección Ambiental y la NASA.

Y es que los sitios web de estas dependencias guardan información histórica como las tendencias atmosféricas de temperatura, los niveles de emisiones de gases invernadero, y el incremento de los niveles del mar.

Esta situación que parece inexplicable, debido a que el cambio climático es uno de los efectos que las personas viven a diario, conduce a un debate que deriva en los “recursos financieros”

Hace unos meses presencié un debate entre los miembros del Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos Capítulo Puebla y el Premio Nobel de la Paz 2007 por sus aportes en el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU, Carlos Gay García, que versó sobre la existencia vs su invención.

Para los miembros del IMIQ, el cambio climático residía en un problema inventado por el hombre para convertirlo en un negocio de las “súper potencias”; mientras que para el también catedrático de la Universidad Autónoma de México, explicó que existe un 95 por ciento de certeza, que es la humanidad la que provoca un acelerado cambio en la temperatura del planeta.

Desde la perspectiva del Premio Nobel, el cambio climático exige voluntad política para invertir recursos que permitan reducir la contaminación, realizar la remediación de suelos, limpieza del agua y aire.

Y es precisamente en el tema de los “recursos” que el cambio climático se convierte en un tema a “eliminar”, ya no digamos que por lo que considera el IMIQ como un negocio, sino para alentar otros negocios por parte del hoy Presidente de Estados Unidos.

Científicos de este país consideran que Trump busca incrementar la producción de petróleo y gas, así como una política energética basada en disminuir las restricciones en la industria fósil; además de dejar de lado el apoyo que Estados Unidos ha brindado a otros países.

Así que, la estrategia de la negación será la bandera para “eliminar” todo lo trabajado hasta hoy respecto a la conciencia, los acuerdos entre países y las inversiones pactadas para acabar con el calentamiento global.

Por esta razón, es necesario reforzar la comunicación de la ciencia a través de lo que la catedrática de la Universidad de Harvard, Sheila Jasanoff, explica en su artículo “A mirror of science” sobre desmitificar la forma en que los científicos representan a la ciencia y denotar el poder político que existe tras la misma. Así mismo, es necesario generar mayor investigación en torno a la imagen de la ciencia a través de las redes sociales y en sí el entorno digital, como lo comenta Massimiano Bucchi en la editorial del Journal Public Understanding of Science.

Así que la pauta está lista y preparada para continuar…

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