geeks » 5 octubre, 2016

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La industria de drones o los unicornios blancos. Artículo Luis Pineda


No fue hace más de cinco años que aparecieron en el país empresas que apostaron al uso de vehículos aéreos no tripulados para el desarrollo de diversos proyectos. Desde cartografía hasta la grabación aérea, estos vehículos empezaron a crear su nicho de mercado y con ello a ser mucho más común encontrarlos volando dentro de proyectos de gran y mediana envergadura.

Con el paso del tiempo la práctica ha convertido a estas empresas pioneras en verdaderas profesionales en su área, llevando inclusive a que muchas de ellas ofrezcan cursos de capacitación, que a pesar de no tener valor legal actualmente, sus nombres ya tienen un reconocimiento y valor en la industria por sus años acumulados.

Sin embargo, hace poco analizando diferentes expos profesionales de drones.  me pude dar cuenta que a pesar que la gran mayoría de empresas apenas lleva de uno a dos años en el área, este esfuerzo no se ve reflejado en su desempeño. Es común encontrar empresas nuevas que ofrecen una solución cartográfica o de seguridad basada en aviones tipo ala delta por ejemplo, que si te acercas lo suficiente a ver su equipo encuentras que los servomotores que prácticamente tienen la responsabilidad de un equipo de inclusive 20,000 dólares, no superar los diez dólares de valor.

En otras palabras, lo músculos de un equipo que se espera que por su precio sea una solución profesional, cuentan con pequeños detalles técnicos que podrían haberse resuelto de manera fácil pero no es así, abriendo la posibilidad de un accidente en el futuro. Este ejemplo es simplemente uno entre decenas o cientos podría pasar por alto un empresario que en su vida ha tocado un drone y que lamentablemente suele basar su compra en el diseño del armazón más allá de las funcionalidades reales.

Lamentablemente no se puede culpar a las empresas por estos errores puesto que la industria actual en prácticamente gran parte del mundo se basa en la experiencia obtenida con el paso del tiempo por cada piloto, más allá de estándares establecidos.

En otras palabras, una empresa que desea emprender en la industria de los drones deberá aprender por su cuenta lo que implica el diseño, operación y mantenimiento de su aeronave; por ello es común encontrar diseños que cuentan con motores por debajo de las necesidades físicas del vehículo o simplemente que llevan meses atorados con un problema técnico que implica simplemente una modificación en la configuración de su tarjeta de vuelo.

Ya ha ocurrido esta situación en el pasado. Este mismo problema se observó en la naciente industria de las computadoras. Cada equipo de diseño creaba sus sistemas según sus necesidades dejando en el camino un campo de incompatibilidad con otras plataformas en el mercado. Este problema fue resuelto con el uso de estándares y aquí queda la duda: ¿Cómo estandarizar una industria tan dinámica y evolutiva?

En una industria donde existen decenas de tarjetas de vuelo en el mercado y es prácticamente posible para cualquier empresa el diseño de la suya propia o inclusive de su propio vehículo, el llevar a la realidad una lista de requerimientos implica varias áreas de conocimiento como por ejemplo telecomunicaciones, aerodinámica, mecánica, etc. En este sentido se vislumbra en el futuro la posibilidad de la madurez de la industria vía cursos avalados académicamente y con un peso curricular real. Esto está actualmente ocurriendo en España donde universidades como la de Oviedo ofrecen posgrados con temarios programas, muy robustos, donde inclusive se aprenden a desarrollar software y hardware para futuros proyectos. En estas propuestas académicas se ha creado una simbiosis perfecta entre la vieja guardia de expertos en aeromodelismo y doctores con el propósito de aumentar las filas de expertos en el país.

Y es aquí donde se denota la mayor deficiencia de los cursos actuales ofertados por empresas; la gran mayoría se basan en modalidades de entrenamiento de operadores en un vehículo u software en particular, más allá de considerar que algunos de ellos tarde o temprano tendrán que sentarse ante un plano en blanco para diseñar un vehículo para una necesidad especifica cosa que los cursos universitarios podrían resolver. No es difícil imaginar un futuro donde un ingeniero con un posgrado en Vehículos Aéreos no Tripulados sea contratado por una empresa para el desarrollo de una solución particular y que ésta realmente pueda cumplir con las necesidades técnicas de la misión.

Así, la computación como área de conocimiento dinámica es altamente evolutiva y el único modo de mantenerse actualizado es continuar con un estudio continuo día tras día. En este contexto, las comunidades de pilotos seguirán siendo esenciales tal como lo son las de desarrolladores de software.

Con lo anterior, la madurez de la industria habrá llegado con su abandono del modelo artesanal de diseño de un vehículo para adentrarse en un sistema estandarizado. Sin embargo, hay una advertencia en esta predicción, ya que puede convertirse en una amenaza a una industria nacional si no es correctamente despegada.

En mi opinión son necesarios tres pilares para la creación de una industria fuerte de drones en un país:

* Educación de fácil alcance

* Entorno legal favorable

* Concientización de la sociedad

El primer pilar se basa en un costo accesible de los cursos. Si se desea tener en el país un futuro DJI o 3DR deben haber existido cien empresas innovadoras, de las cuales una de ellas pudo encontrar aquella clave para triunfar ante las demás, pero no es posible conseguir cien empresas si el conocimiento para emprender pues ésto implica cinco cursos de tres mil dólares cada uno más el costo de equipo, infraestructura etc.

Si no se abaratan los costos de un curso la gran mayoría de estas empresas aprenderán “en el camino”, sin olvidar que no tiene sentido ofertar un curso de tres mil dólares que solo una empresa puede costear a una persona que cien participantes a un costo menor, pues no se debe olvidar que el conocimiento es la base para el emprendimiento y el emprendimiento es esencial para cultivar “unicornios blancos” en un país.

El segundo pilar se basa en cuánto deben pagar estas empresas por existir y si una Pyme de drones debe ser tratada como una gran empresa de aeronáutica o como lo que es. Una ley de impuestos permisivos pueden

incentivar al crecimiento de un sector y que aquel “unicornio blanco” aún sin descubrir pueda sobrevivir a su niñez.

Y el tercer pilar se basa en cómo estas empresas son presentadas a la sociedad. La gente debe dejar de tener miedo a los drones y debe aprender a vivir con ellos tal como lo hizo con el automóvil. Al ofrecer un drone una ganancia a la seguridad, diversión o preservación de la vida de una sociedad la gente terminará agradeciendo estos favores adoptando a esos extraños bichos en su cultura.

Con el paso del tiempo se ira definiendo el futuro de los drones en México y tal vez si tenemos suerte un par de unicornios blancos aparezcan sin olvidar a cientos de empresas y con ellas una industria competitiva. El futuro de los países no está en sus recursos físicos sino en sus conocimientos y si es cultivada esta tierra de la manera correcta y es protegida como debe ser, tal vez descubramos que los unicornios mexicanos si non reales.

 

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